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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Viernes, 22 de septiembre de 2017

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Once jóvenes artistas de cara a la galería

Entreacto es una iniciativa que permite poner en contacto a jóvenes artistas de la Facultad de Bellas Artes con algunas de las galerías más punteras de Madrid. Los artistas seleccionados tienen 24 horas para mostrar sus trabajos aprovechando el hueco que queda entre el desmontaje de una exposición y la siguiente.

Conectar la Facultad de Bellas Artes con la calle y la calle con la Facultad. Así de simple, pero también así de complicado es el objetivo de Entreacto, una iniciativa que cumple su segundo año de vida y que está organizada por Emilia García-Romeu, en colaboración con el vicedecanato de Extensión Universitaria de la Facultad de Bellas Artes de la Complutense.

Once galerías de renombre de la calle Doctor Fourquet (al lado del Reina Sofía) ceden su espacio durante un día para que jóvenes creadores puedan mostrar y explicar su trabajo a todo el que pase por allí. Y eso, teniendo en cuenta la ubicación, implica muchos cientos de personas. García-Romeu asegura que es una ocasión ideal para que "las galerías conozcan a la Facultad, y de paso es un proyecto pedagógico que es importantísimo para los alumnos, porque les permite tener visibilidad y experiencia". A la hora del montaje se discute qué cosas les interesan a los artistas y qué no, y luego les toca presentar los trabajos en voz alta a los espectadores. La organizadora considera que "es una experiencia muy rica tanto para las personas como para las instituciones involucradas".


Coma, beba, vea
La galería más cercana a la calle Santa Isabel, de hecho en el número 1 de Doctor Fourquet, es Galería Louis 21. Allí expone Pablo García de Durango su obra Coma, beba, vea. Este estudiante de 5º de la licenciatura de Bellas Artes explica que su obra "es una reflexión acerca de los lugares de evasión, de recreo". Ha escogido una escenografía con vegetación y hierba artificial "porque Entreacto es como un momento de relax en el que se relacionan los profesionales de las galerías con los estudiantes de Bellas Artes". La idea de la creación surge de una reflexión sobre aquello de lo que nos queremos evadir, y de cómo "todas las imágenes que se generan en los medios de comunicación de tono apocalíptico nos hacen aferrarnos a un tipo de estética de realidades prefabricadas que nos producen cierta seguridad y confort".
García de Durango, que no había expuesto nunca en una galería tan profesional, asegura que en Louis 21 desde el primer momento le han aconsejado con muchas referencias, "mucha crítica en el buen sentido, y se han portado muy bien", apoyándole en todo. En cuanto a la valoración de esta iniciativa opina que en la universidad hay "mucha demanda de contacto real, porque no suele haberla, y gracias a Entreacto se enfatizan estas relaciones y nos enseñan cómo es el mundo del arte fuera de la Facultad".


Ejercicios de coerción
El único de los artistas expuestos que no acudió a presentar su obra fue Rafael Munárriz, que mostró Ejercicios de coerción, en NoguerasBlanchard. Contactamos con él, en Sao Paulo donde vive, y nos comenta que decidió prolongar la estancia en esa ciudad tras recibir una Beca Santander. Confiesa que allí "trata de vivir como artista plástico".
En cuanto a su obra, Munárriz explica que "es un trabajo formado por 25 laberintos creados a través de una serie de líneas o impedimentos dibujados sobre papel milimetrado". Con esta pieza trata de cuestionar "la falta de libertades que se genera dentro del tránsito urbano, pensando en ellas desde un punto de vista biopolítico".
Según el artista, "Entreacto acerca de manera recíproca el ámbito galerístico con el universitario, sirviendo también para que estudiantes de fuera de la convocatoria descubran la calle y la posibilidad de pasear por sus galerías".


Trails
Una de las obras más bellas de esta edición de Entreactos es Trails, expuesta por Isabel Álvarez en la galería Bacelos. Estudiante del máster de Investigación en Arte y Creación de la Complutense explica que su obra es un proyecto de dibujo en movimiento. "Es un dibujo planteado como un paisaje en el que se presenta un cielo despejado sobre el que van apareciendo estelas de aviones, una tras otra hasta que llegan a formar una especie de maraña y al final cubren el cielo por completo".
Con esta pieza quiere hacer una reflexión sobre la destrucción que es paulatina y que se produce por pequeños impactos aislados, y al mismo tiempo una reflexión sobre la memoria colectiva como toma de conciencia.
Además, con el dibujo pretendía incorporar "el recuerdo a nuestro paisaje, viendo qué pasaría si esas estelas que normalmente se desvanecen no lo hicieran, se quedasen permanentes y pudiésemos vislumbrar lo que ocurre con su acumulación". La idea de Álvarez ha tomado cuerpo porque la ha planteado como un proyecto colaborativo. Asegura que como necesitaba imágenes de estelas, propuso a gente que conoce, de distintos lugares, que le enviasen fotos. Finalmente ha participado bastante gente de distintas partes del mundo, "así que también les ha servido a ellos como experiencia de participar en un proyecto creativo y de configurar el imaginario".


Sin título
Nina Paszkowski se define a sí misma como una "pintora de Suiza, Alemania y Polonia, que ahora está viviendo en Madrid". Terminó sus estudios en Londres en junio, y ahora es alumna visitante de clases que le interesan en la Complutense "para profundizar en su obra artística".
Paszkowski expone en Maisterra Valbuena tres cuadros, uno de gran formato y dos pequeños, que han surgido de la idea de los "miniacuarios, también conocidos como nanotanks". Explica la autora que son espacios encerrados, totalmente contenidos en otros espacios. En este proyecto "quería hacer una metáfora, una comparación, con la pintura" que para ella vive también en un ecosistema propio, en un espacio contenido, con su historia, con su tiempo, con la experiencia de taller. El cuadro más grande es una representación "del espacio mental que se crea a partir de la contemplación del espacio de la pintura, porque al mirar un cuadro se crea un espacio mental en donde la pintura sale del cuadro y se conecta con el espectador".
Los tres cuadros que se pudieron ver son fieles a su estilo habitual de pintura, ya que suele ser trabajar a partir de imágenes preexistentes. Utiliza para ello programas de edición con los que construye "nuevos escenarios, nuevos imaginarios". Si algo sale mal en el proceso, tampoco importa, porque "los accidentes a veces son contradicciones, pero complementarios para construir un nuevo escenario, algo bastante teatral porque construye algo nuevo".
La pintora polaca describe de manera muy elocuente lo que piensa de Entreacto: "es genial, lo más, porque todavía estamos en el momento de búsqueda, de tener que encontrar nuestro propio contexto, y esto son puertas abiertas, que además nos permiten conocer el trabajo de compañeros de nuestra edad".


Gigantes
En el tiempo de lo inmediato, de lo rápido, José María Ledrado se caracteriza por todo lo contrario. Lo suyo es hacer imágenes estenopeicas, con mucho tiempo de exposición, y así lo enseñó en su obra Gigantes, que se pudo ver en García Galería.
Aunque lo que exponía eran fotografías, Ledrado explicó que en realidad era una instalación en la cual trata de relativizar la idea de tiempo del espectador, mostrando esas fotografías, hechas en unos tiempos de exposición muy prolongados, junto a vídeos que están hechos durante el mismo periodo de exposición. Asegura el autor, que "confrontando una cosa con otra se relativiza la idea de tiempo".
El nombre de "gigantes" viene de que los motivos de las fotografías son edificios institucionales simbólicos que "nos hacen reflexionar sobre nuestras propias instituciones, jugando con la idea de tiempo". En la primera parte de la muestra había cinco fotografías, confrontadas con cinco vídeos, y en la segunda se trataba de ofrecer una esperanza, una idea de cambio. Para ello, "una de las fotografías positivadas se disolvía en una urna con agua, ofreciéndonos la posibilidad de lavar la cara de las instituciones y regenerarlas".
Estudiante de 4º de Bellas Artes opina que Entreacto es una idea fantástica, "por ser un contacto bien interesante con el mundo de las galerías". Ledrado todavía no había expuesto más allá de la sala de exposiciones de la biblioteca de su facultad.


Espacio gélido

Espacio gélido forma parte de un conjunto de piezas que reflexionan sobre el tema predilecto de Julia Llerena, que es "la percepción de la realidad en el tiempo presente, algo muy difícil ya que estamos anclados a la nostalgia del pasado y a la idealización del futuro". Las imágenes de su trabajo hablan de lo oculto, del enredo, de la suspensión, "de todo eso que se va codificando y hace más complicado entender qué es lo que ocurre".
La sevillana, con formación en Barcelona y Florencia, expuso en Espacio Mínimo, que "es una galería muy, muy, muy buena, y en otras condiciones no se sabe cuánto puede una tardar en exponer aquí". Dice la autora que Entreacto es como "un regalo de un día" para que expreses tu concepto.


Zorras

Garazi Lara Icaza expuso en Moisés Pérez de Albéniz su obra Zorras. Cuenta la artista que este proyecto empezó hace unos años, y las dos piezas que se mostraron en Entracto son de 2013, creadas una a partir de la otra. Zorras "es una reflexión acerca del mundo en el que vivimos, podría ser de Cañete en los días de la campaña electoral, pero de Cañete y de tantos otros". En realidad, la obra es una reflexión principalmente del sexismo a partir del lenguaje y de cómo el lenguaje construye ese sexismo y lo perpetúa. Según Icaza, la RAE ayuda a esto, "porque ellos mismos dicen que no pueden plantear un lenguaje que no sea sexista porque la sociedad lo es, así que tiene que cambiar la sociedad para que el sexismo cese en el lenguaje. Es la pescadilla que se muerde la cola". Piensa la artista que en algún momento hay que romper ese círculo vicioso, y un lugar bueno para romperlo, incluso el mejor es el lenguaje, "porque la manera de cambiar el pensamiento es a partir del lenguaje". Las dos piezas, tanto el neón como el vídeo "proponen una apropiación del lenguaje con el fin de que si tú me llamas zorra y yo me lo llamo antes, ya no es un insulto".


El orden de mi habitación
La instalación de Elisa González en la Galería Fúcares, trata de ofrecer una nueva perspectiva acerca del orden que tenemos preestablecido, porque cuando ordenamos una habitación, consideramos que lo está cuando cada elemento ocupa un lugar determinado atendiendo a su funcionalidad. González se preguntó qué pasaría si se dejase de lado el orden funcional y se pasase a otro de jerarquía, como en otros aspectos de la vida. Llevo todos los muebles de su cuarto a la galería y los ordenó de mayor a menor tamaño, y diagonalmente, en el espacio expositivo.
Antes de llevar a cabo el proyecto a tamaño real, realizó un modelo como futurible, muy difícilmente realizable porque no tenía espacio, y de repente surgió Entreacto, lo propuso, tuvo suerte y salió. "Hoy dormiré en el sofá, no me queda otra", asegura con una sonrisa mientras ve cómo su propia habitación se ha convertido en una obra de arte.


Memoria de un espacio
La obra de Amaya Hernández en la Galería Liebre forma parte de un proyecto sobre la construcción de la memoria a través de los espacios que han sido importantes en su vida. Esta es la reconstrucción de su primera casa, donde vivió desde que nació hasta los 5 o 6 años. Según lo estaba construyendo se dio cuenta de que había lugares de esa casa que no recordaba, así que deconstruyó la maqueta y dejó solo las zonas que realmente recordaba. Considera que "de hecho hay una especie de centro donde convergen todos los recuerdos y luego se va disipando en la memoria".
Hernández invitaba además a los espectadores a que viviesen la experiencia de dibujar el plano de su primera casa. Sueña la autora con hacer un proyecto que hable de la memoria colectiva, de qué cosas recordamos todos y de qué cosas hemos olvidado. De momento es un proyecto que no sabe cómo va a acabar porque pensó que iba a haber más conexión entre los dibujos de la gente, "pero no, están totalmente desconectados".


Hau
Este saludo de indio de película le sirvió a Leticia Villa para titular su obra de la Galería Alegría. Explica la autora que lo que busca con este proyecto es transmitir una sensación, "como si fuera un momento clave de un filme, como la sensación que te deja ese momento concreto". A Villa le gusta la textura de las imágenes que salen de las cámaras desechables, que suelen tener el carrete un poco caducado y "salen luces, sombras y otras cosas que no estaban cuando hizo la foto". Al final lo que utiliza es la luz del fondo o aquello que le atrae de la imagen, y trabaja con eso, ya sea con un detalle mínimo o con cualquier otra cosa que sea más misteriosa.
Asegura que su experiencia personal en Entreacto es "una pasada". Estar en contacto con los galeristas y poder trabajar con ellos le ha permitido aprender muchísimo, así como presentar el proyecto en público y defenderlo.


El ojo sorprendido

Al final de la calle, en la galería Marta Cervera, Federico Miró expuso El ojo sorprendido. En su muestra se podían ver una serie de cuadros en los que trabaja "el aspecto de la codificación, resaltando detalles naturales o vegetales", contraponiendo así lo artificial con lo natural. A Miró le gusta también el tema de la percepción del paisaje e invitaba al espectador a que "habitase diferentes distancias con la obra para ver distintas percepciones de los cuadros".
Miró había expuesto con anterioridad en Málaga, pero jamás en Madrid, así que al igual que el resto de sus compañeros considera de manera muy positiva esta iniciativa de Entreacto, por meter "un poco a los jóvenes en el mundo artístico, en el mundo real, en lo que nos esperaría en el futuro si seguimos por estos derroteros del arte".
Ayudaron en el montaje de Entreacto cinco estudiantes de Historia del Arte de la UCM: Ester Ameda, Verónica Fraile, Alexandra Ignacio, Mario Bernal y Marta Tello, coordinados por el profesor Sergio Rubira.

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