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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Jueves, 27 de abril de 2017

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El club de los poetas muertos

Cuando Peter Weir dirigió El club de los poetas muertos, logró que los espectadores conociesen a poetas como Whitman, Frost o Thoreau. A imitación inconsciente de aquel filme, esta edición de los Cursos ha servido para homenajear a tres poetas de nuestra lengua: Octavio Paz, Félix Grande y Francisco Umbral.

Antes que todo, Octavio Paz fue un poeta, un hombre muy complejo y muy curioso". "Félix Grande vivía dentro de la lengua. Decía haber descubierto la gloria de la sensualidad y el carácter sagrado que tenía la lengua". "Umbral no habría sido Umbral sin la poesía, por ese galopar nerudiano y lorquiano que está siempre en sus escritos". Tres declaraciones de personas diferentes, en cursos distintos y sobre escritores que no se parecen en nada, y a pesar de eso en las tres hay un nexo común, el del amor por la poesía, por la lengua y por todo aquello que representa la literatura.


Octavio Paz
Carlos Granés, director del curso "Cien años de Octavio Paz", cuenta que el escritor mexicano era un autor moderno, enamorado de las vanguardias europeas, tanto que se marchó tras ellas hasta París. Allí descubrió que los vanguardistas buscaban lo primitivo, justo eso que los escritores latinoamericanos creían dejar atrás cuando abandonaban sus países. Según Granés, "Paz fue un observador muy atento de todas esas corrientes y llegó a la conclusión de que todas las vanguardias eran herederas del romanticismo, de la pintura y de la poesía moderna". Si los artistas afincados en París buscaban lo primitivo era porque allí "veían una libertad espiritual que no se practicaba en el acartonado mundo occidental".
Los poetas y pintores latinoamericanos como Paz, que iban a Europa buscando lo último, volvieron a rastrear lo salvaje en su pasado indígena, sobre todo los que provenían de países como México y Perú. En Europa, Paz comenzó a mostrar mucho interés por el pasado mítico de México, "sepultado por un presente extranjerizante" y de allí surgió El laberinto de la soledad, "un ensayo sobre el ser mexicano, más allá de lo superficial".
Un libro que el propio Paz reconoció que fue un error y desde 1951 empezó a arrepentirse de haberlo escrito, porque para él "el nacionalismo está reñido con la libertad del artista, pensamiento que se debe a la influencia de André Bretón ya que para los surrealistas la libertad individual es el principio básico, mucho más allá del proselitismo de partido". De ahí que Paz odiase tanto "el caciquismo del PRI como a los muralistas, que se habían convertido en ídolos y una muestra del tipo de arte que había que detestar". Para Paz, "Rivera era un promotor del nacionalismo e igualmente le irritaba que se considerarse al muralismo un arte revolucionario mientras estaba financiado por el Estado. Le parecía una contradicción absoluta hacer arte público adoctrinador y que los muralistas se convirtieran en la nueva academia".


Crítica

El escritor Mario Vargas Llosa, que conoció a Octavio Paz en París, asegura que para el escritor mexicano "la crítica fue algo absolutamente esencial, porque pensaba que la renovación venía de esa actitud crítica, así que escribió ensayos realmente deslumbrantes sobre escritores y movimientos de vanguardia". Según Vargas Llosa, en "la crítica literaria era donde se mostraba más original, más creativo, con ideas novedosas". Reconoció que, por desgracia, "ahora la crítica literaria ya no representa nada".
Explicó el Nobel que la evolución política de Paz tuvo mucho que ver con su desencanto con el marxismo. Algo que empezó durante la guerra civil española, por las diferencias en el bando republicano y la depuración de los trotskistas, "lo mismo que le ocurrió a John Dos Passos". Recordó el autor de La ciudad y los perros que "de los primeros testimonios de los disidentes de la URSS, Paz hizo una antología para la revista Sur y eso le llevo a reivindicar la democracia, y desde entonces se convirtió en un demócrata combatiente".
Según Vargas Llosa, en América Latina en los 70 hay una vuelta hacia la guerrilla y la izquierda cubana a lo que Octavio Paz se "opuso, mostrando un gran coraje, y además trató de desmitificar la revolución cubana, así como su estatismo y el control de la economía, lo que le costó vivir en una gran tensión política y con un gran ataque popular, incluso quemaron su efigie en México".
Llegó a creer, en palabras del Nobel, "que la democracia de México vendría de la mano del PRI, en concreto de Salinas de Gortari, algo que no ocurrió con ese presidente, pero sí con otro posterior que abrió el sistema con elecciones libres que echaron al PRI del poder".
Según Vargas Llosa, "la suya fue una conversión muy profunda y se mantuvo vivo hasta el final de sus días porque nunca se petrificó y siempre estuvo con lo que ocurría a su alrededor, con la excepción de la música que no le interesó mucho, y hasta el final quiso saber que hacían los nuevos y cómo evolucionaba la vida artística, cultural y política tanto de su país como de otros muchos".
En lo que no creyó nunca Paz fue en el mercado "al que veía como una fuente muy grande de desigualdad". Pensaba que el número de ejemplares que se venden no puede determinar el valor de un objeto cultural, algo que Vargas Llosa no tiene claro del todo porque se pregunta que "si el mercado no sirve, ¿entonces de quién debe depender la cultura?".


Influencia de Paz

A pesar de ser un gran poeta y ensayista, Octavio Paz nunca ha tenido demasiado predicamento en nuestro país. Vargas Llosa considera que si en España ha influido en alguien será en Pere Gimferrer. José María Lasalle, secretario de Estado de Cultura, coincide en que "Paz no es un autor habitualmente citado en España porque los sectores afines a la dictadura le despreciaban y para la izquierda comunista provenía de una izquierda no estrictamente marxista ni militantemente espartana y eso planteaba una disonancia intelectual con el comunismo español interno y exiliado". Piensa Lasalle que se le descubrió en la transición "por el atractivo que representa su lectura, su trayectoria ensayista e intelectual".
Opina Lasalle que "Paz tenía una reflexión última en la que explicaba la relación entre el intelectual y el poder, algo tan antiguo como la filosofía de Platón y Grecia. Él era un gran intelectual seducido por el poder y por la importancia que este podía tener, a través de la cultura, como motor de cambio social y a pesar de eso, también se oponía a la manipulación del poder hacia la cultura".
Concluyó el secretario de Estado considerando que "Paz hacía política desde la poesía, porque es un poeta que piensa el mundo desde lo sentimental y lo proyecta. En su poesía está la política, pero también hay una pulsión humanista que implica que no se puede entender el arte sin la libertad del creador para crear".


Félix Grande
El poeta Félix Grande era un habitual de los Cursos de Verano y por eso también ha sido el lugar ideal para hacerle un homenaje. La iniciativa se les ocurrió al poeta José Manuel Martínez Cano y a la responsable de comunicación de los Cursos, Antonia Cortés, que organizaron un emotivo acto en el que amigos del escritor leyeron algunos de sus versos, fragmentos de su prosa o interpretaron algunas de sus piezas flamencas preferidas.
Guadalupe Grande, su hija, reconoció que no era fácil acudir a un acto homenaje a su padre, "porque todavía todo está muy reciente, ya que se fue en enero de este año". Preguntada por los dos amores de su padre, que según el propio Félix Grande eran ella misma y su madre, respondió que "en realidad eran tres, cinco, múltiples, porque se fueron multiplicando con el tiempo, pero se puede decir que la poesía y el flamenco conforman una estrella binaria en su vida".
El cantaor Paco del Pozo, que participó en el homenaje, cantando algunas de las canciones flamencas que más le gustaban a Félix Grande, recordó que al poeta le encantaba escucharle cantando por soleás, así que desde su muerte todas las soleás que interpreta se las dedica a él.


En su propia voz
El acto incluyó dos fragmentos sonoros con la propia voz de Félix Grande. En uno de ellos reflexionaba sobre cómo "Paca" le salvó la vida. Decía el poeta que en el siglo XIX alguien tuvo que intuir que más de cien años después habría una pareja que durase más de 50 años juntos. Ese mensaje lo encontraba Grande en la copla que dice: "Como los raíles del tren/ son tu cariño y el mío/ uno al ladito del otro/ to seguío, to seguío".
Sus otras palabras reflexionaban sobre la muerte, sobre el hecho de que nos pasamos la vida tratando de ser lo que sea para no ver que "la muerte nos acompaña con una fidelidad absoluta. Nos sonríe porque nos tiene cariño, porque se va a quedar con nosotros para siempre". En relación con este mensaje, el guitarrista Óscar Herrero aseguró: "el tiempo va muy rápido y estoy seguro de que pronto nos vamos a encontrar otra vez".
Su viuda, Paca Aguirre, dijo que "si queda algo por ahí flotando estará encantado con el homenaje y encontrará una manera de decir gracias a esos que lo han organizado y a los amigos que han venido, que ya son todos de la familia, porque esto sí que no tiene arreglo y una vez dentro de la familia ya te quedas para siempre".


Principios y poesía
Aguirre aseguró que creía a rajatabla en tres palabras: "libertad, igualdad y fraternidad, y creyó en ellas más allá del bien y del mal y las defendió toda su vida". Su hija también recordó que "vivió siempre con mucha intensidad y en eso fue muy afortunado, porque la vida le permitió alcanzar esos momentos de intensidad, dignidad y desobediencia que se había marcado".
El poeta y amigo Antonio Lucas recordó que la última vez que vio a Félix Grande fue en los Cursos, "estaba echándose unos cigarros y hablaba de flamenco". Aseguró que antes de entrar en el homenaje se había "echado un cigarro en el mismo sitio, en el barandal". Lucas encontró en Grande "al poeta que lanzaba la palabra más lejos que la vida y se entusiasmaba por todo". Por eso le definió como uno "de los grandes nombres de la poesía española de los últimos 50 años".
También el escritor Javier Lostalé, elogió a "Félix Grande, porque vivía dentro de la lengua y decía haber descubierto la gloria de la sensualidad y el carácter sagrado que tenía esa lengua".


Francisco Umbral

"Era un escritor que construía periódicos con la literatura y tenía una capacidad enorme de estar en su mundo y de darle contorno", así definió a Umbral, Antonio Lucas en el curso homenaje que él mismo dirigió sobre el columnista madrileño. Con esa misma idea coincidió la escritora Marta Sanz, que piensa que Umbral fue "un gran retratista de sí mismo, pero también del mundo en el que le había tocado vivir".
Para Sanz, que repasó la influencia de las mujeres en la obra del periodista, "lo importante para que siga viva su figura es el lenguaje, ya que Umbral recuperó las raíces hipersensibles de los grandes escritores del modernismo que tenían que estar en el vórtice mismo de los acontecimientos para convertirlos luego en lenguaje". Reconoce que muchas veces cuando se alaba el preciosismo de un autor, suele ser porque la prosa está hueca, pero ese no era el caso de Umbral. Según ella, las metáforas y el lenguaje que utilizaba tenían que ver con su posición en la vida, así que no era simplemente un recurso libresco, sino también ideológico". Su viuda, María España, reconoce que "es admirable ver que en cierto modo Umbral está muy vivo y todos coinciden en que sigue aquí, que no es una persona olvidada, que está todavía muy presente todo lo que refleja en sus textos".
Considera Lucas que frente a otros columnistas, "Umbral percibió un ahora más allá del tiempo que vivimos y eso generó, en su tiempo, mucha animadversión, sobre todo por la lectura epidérmica que se hizo de sus textos, aunque hoy no hay ningún escritor igual". Su influencia, según Marta Sanz, fue enorme porque "contribuyó a una transformación de la mentalidad pública que posibilitó el cambio en las prácticas privadas, o al menos ayudó a cambiar aquello que olía a tocino rancio y a cartilla de racionamiento". También opina que "reivindicó el cuerpo como lucha de la mujer en libros como Carta abierta a una chica progre, con los que legitimó la lucha de género y de clase".

Poesía
En su día se publicó una antología poética de Umbral, pero Lucas opina que "no era buen poeta" y que "su mejor poesía está en su prosa". Al mismo tiempo, añade que "Umbral no habría sido Umbral sin la poesía, por ese galopar nerudiano y lorquiano que está siempre en sus escritos". España reconoció que a su marido lo que más le gustaba leer era poesía, tanto de Neruda y Lorca, como de Blas de Otero y Pepe Hierro. Lucas reconoce que "el diapasón que imprimía a la palabra habría sido imposible si no hubiera leído tanta poesía, porque incluso fue capaz de hacer columnas en endecasílabos".
Quizás su fracaso a la hora de escribir poesía fue que "no tenía nada de oído musical y la música le aburría muchísimo", como recordó su viuda. El director del curso apostilló que él no fue el único escritor que pensaba eso, también "Vladimir Nabokov decía que detestaba la música y que no tenía ninguna sensibilidad hacia ella, algo parecido a lo que le pasaba a Umbral".
Con oído o sin oído, lo que tiene claro María España es que "Umbral estaba enamorado de los poetas... y de las mujeres". Dos amores que no están nada mal.

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