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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Jueves, 27 de abril de 2017

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¡Sin ciencia no hay futuro!, grito de guerra de la juventud indignada

Entre los días 6 y 16 de abril se ha celebrado la tercera edición de la Semana de la Ciencia Indignada, organizada por asociaciones de estudiantes de las universidades madrileñas Complutense, Carlos III, Politécnica y Autónoma. En ella, investigadores de diferentes áreas han impartido conferencias de alto nivel científico dentro de un marco de protesta y de reivindicación sobre la importancia que debería tener la investigación en nuestro país.

 

La diferencia fundamental con otras actividades de divulgación científica es que aquí, antes de cada conferencia, se lee un manifiesto reivindicativo. En él los organizadores explican que "el objetivo de estas charlas es doble, de divulgación y de reivindicación". Por un lado se busca "divulgar la ciencia que se desarrolla en nuestras universidades, dando a conocer las diversas investigaciones y trabajos que se realizan en las mismas, y que no suelen llegar al público", y por otro quieren "reivindicar la necesidad de la ciencia para nuestra sociedad como garante de un futuro mejor, pues ésta se encuentra en una situación crítica que es necesario revertir para no perder ninguna de sus  aportaciones y logros".

 

En una de las charlas de la Semana, impartida por el matemático Antonio Brú, un habitual de esta iniciativa desde su creación, se declaró entusiasta de la reivindicación que organizan los estudiantes para levantar la voz en "esta sociedad en la que estamos aletargados y adormilados y nos da lo mismo lo que se haga".

 

Afirmó Brú que algunos han declarado la muerte de las ideologías y que ya sólo nos queda movernos por el interés personal que tiene efectos tan graves como no dejar pasar a los inmigrantes o que despreciemos el servicio a los demás. Confió en que iniciativas como esta sirvan para cambiar las cosas y que dejemos de "partirnos la cara por el fútbol y el cotilleo" y lo hagamos por temas más importantes, como por ejemplo el que él lleva investigando desde hace 23 años en torno al crecimiento de los tumores y a la evolución de las redes complejas. En su conferencia hizo hincapié además en la importancia de la investigación básica, que ha permitido desarrollar técnicas de diagnóstico como el PET, el TAC o la Resonancia Magnética.

 

Ciencia básica

El manifiesto de la Semana de la Ciencia Indignada señala, al igual que Brú, la relevancia que debería tener la ciencia básica. Explican en él que hoy en día la importancia de la investigación científica se mide cada vez más en función de los beneficios económicos que genera, por lo que "se deja de lado la investigación científica básica, cuyo objetivo es generar conocimiento, base del posterior desarrollo científico".

 

De acuerdo con su reivindicación "la ciencia mejora nuestra calidad de vida y nos permite ser una sociedad sostenible, pero esto no es posible si no se la financia adecuadamente". Un ejemplo de la importancia de la ciencia básica es la inversión que se ha realizado en el CERN y en sus investigaciones, "que han sido utilizadas para crear terapias de iones contra el cáncer y que fue fundamental en la aparición de internet inventando la World Wide Web y el primer sitio web". Aparte, por supuesto, de todos los conocimientos que están aportando sobre el origen y la formación de nuestro propio Universo y de las partículas que lo componen.

 

Otra investigación básica importante es la que expusieron la profesora María Osete y el investigador Javier Pavón, del Departamento de Física de la Tierra, Astronomía y Astrofísica I, sobre la futura inversión del campo magnético terrestre. Puede parecer algo de película, como se vio en 2012, el filme catastrofista de Roland Emmerich, pero como explicaron los dos conferenciantes ya ha ocurrido muchas veces a lo largo de la historia de nuestro planeta.

 

El campo magnético terrestre que existe al menos desde hace 3.000 millones de años nos protege de la radiación solar y los rayos cósmicos, y también sirve de guía para muchas aves, cetáceos e insectos, así como para los instrumentos de navegación. De ahí que el estudio de los cambios de polaridad, en los que se debilita enormemente ese campo magnético, sea una investigación básica muy relevante. También tiene una gran importancia en el estudio de la evolución de la Tierra gracias al paleomagnetismo que permite datar las rocas, sobre todo las sedimentarias, porque tienen memoria magnética y los minerales que las componen se orientan en la dirección en la que estaba el campo magnético de la Tierra cuando se formaron.

 

No existe una regularidad en el cambio del campo magnético, pero sí se sabe que ha ocurrido aproximadamente cada millón de años, de media. Los datos registrados informan de que la última inversión se produjo hace 780.000 años y que desde hace 3.000 años está decayendo el campo magnético. No se sabe si eso indica que nos acercamos a una nueva inversión, pero es bastante probable.

 

Según como sea de rápida e intensa podrán producirse errores en los sistemas de navegación, fallos de infraestructuras eléctricas e incluso desastres en muchas especies de animales, incluyendo la nuestra. De momento no se sabe cuándo ocurrirá ni cuáles serán sus efectos, pero la ciencia básica será la única capaz de dar las respuestas.

 

Fuera del campus

La Semana de la Ciencia Indignada también ha querido acercar la divulgación a la ciudadanía madrileña. El primer sábado organizaron la iniciativa "Ciencia en la calle", en la plaza del museo Reina Sofía.

 

Allí las diferentes asociaciones de estudiantes realizaron actividades tan diversas como la observación del Sol y la mancha solar que tenía en ese momento, una demostración de cómo funciona una impresora 3D, experimentos de levitación magnética, juegos matemáticos como el de las 8 reinas, demostraciones de la forma que adopta una pompa de jabón dependiendo del instrumento con el que se crea, una exposición de minerales, e incluso una representación teatral científica a cargo de un estudiante que interpretaba al propio Newton.

 

El acto de cierre también se celebró en el centro de Madrid, en concreto en el teatro de Casa de Vacas del parque del Retiro. Allí se habló de ciencia y su relación con el humanismo y la política, así como de la precariedad existente tanto económicamente como en cuestión de género. En relación con esto último, en su manifiesto expresan que "otra de las grandes lacras que sigue manteniendo la investigación es la de la brecha de género, que se ve reflejada cuando, a pesar de que las mujeres son más del 50% de las estudiantes universitarias, más del 80% de las cátedras son ocupadas por hombres, o cuando a pesar de que el CSIC tiene más de un 60% de mujeres becadas, luego el personal investigador contratado está constituido en más de un 75% por hombres".

 

Las asociaciones universitarias organizadoras de la Semana de la Ciencia Indignada han sido Hypatia (Físicas UCM), Lewis Carroll (Matemáticas UCM), Eukarya (Biología UCM), ConCiencia (UC3M), Yuri Gagarin (Aeronáuticas UPM), La resistencia (Caminos UPM), AU Nikola Tesla (Industriales UPM), Doble Hélice (Ciencias UAM), Librelab (Informática UCM), ASAAF (Físicas UCM) y Layka (Veterinaria UCM). Con ellas han colaborado BiosLab y la Delegación Central de Estudiantes de la Complutense.

 

Y todas ellas se han unido bajo el lema común que se oyó en todas y cada una de las conferencias: "¡Porque la ciencia no es un lujo, el lujo es no tenerla! ¡Sin ciencia no hay futuro!".

 

La plaza del Museo Reina Sofía acogió experimentos para todos los públicos, como este en el que se mostraba la capacidad de las pompas de jabón para adaptarse a la forma del instrumento con el que se crean La profesora María Osete durante una de las conferencias de la Semana de la Ciencia Indignada. En este caso, explicando cómo y por qué se invierte el campo magnético de la Tierra, y las consecuencias que ello puede acarrear para nuestro planetaLa observación del Sol, gracias a la participación de AstroLewis y ASAAF, fue una de las iniciativas que más personas congregaron en los experimentos callejeros de la Semana de la Ciencia IndignadaEl matemático Antonio Brú reivindicó la importancia de la ciencia básica para el desarrollo del conocimiento. Él lleva ya más de 20 años estudiando la evolución de los bordes de los tumores, relacionándola con la evolución de las redes complejasDebajo de la carpa que la Semana de la Ciencia Indignada montó frente al Reina Sofía se podían observar minerales, participar en juegos matemáticos, disfrutar con la levitación electromágnetica, asombrarse con el comportamiento de las pompas de jabón o contemplar el funcionamiento de una impresora 3DAntes de cada una de las charlas de la Semana de la Ciencia Indignada, algún miembro de las asociaciones de estudiantes organizadoras leía el manifiesto en el que se reclama que se preste mucha más atención a la ciencia y que se superen brechas como la de género
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