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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Lunes, 18 de diciembre de 2017

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La Complutense celebra su certamen de teatro

Entre el 25 de abril y el 27 de mayo la Complutense celebra el XX Certamen de Teatro Universitario. En esta ocasión son 14 las compañías teatrales que participan y entre las que se repartirán los premios que se concederán el día 7 de junio en una gala celebrada, a partir de las 19 horas, en el paraninfo de la Facultad de Filología. Este año el premio gordo, para la obra ganadora, será la representación de la pieza en el Teatro Bellas Artes de Madrid

Tras 20 años de certamen hemos querido que algunas compañías nos cuenten qué opinan sobre el estado del teatro universitario, cuáles son sus características, qué retos tienen a la hora de poner una obra en escena y, también, que nos hablen de sus reivindicaciones. Aquí están sus respuestas.

 

Características propias

Rubén Buren, director del montaje y de los textos originales de las dos obras que presenta El Noema en el certamen considera que la característica propia del teatro universitario es que no son profesionales ni tienen que rendir cuentas a nadie, es todo "expresión, investigación y libertad".

 

Desde El Barracón consideran que "no es teatro escolar ni profesional, es amateur porque no se gana dinero, pero tampoco debe ser igual al que hacen los grupos de aficionados, así que es difícil marcar la línea diferenciadora". De acuerdo con ellos el universitario debe ser un teatro que, además de cumplir con la primera regla, "la de divertir a los que lo hacen (algunos para vencer carencias personales o lograr una mayor formación), haga espectáculos que tengan interés para el público universitario por su tema, su novedad, su puesta en escena, su actualidad. No debe valer cualquier cosa ni en contenido ni en forma. Sobre todo si se presenta como parte de la UCM. La Universidad es importante y la Complu, más".

 

Uno de los directores de Teatro Chamaeleo, Fernando Malta opina que "el teatro universitario tiene la magia de la juventud, las ganas de aprender, el sentimiento de grupo y la creatividad de las nuevas generaciones que no se pueden ver en tanta medida en entidades ajenas a la universidad". Además como suele ser amateur no tiene las rivalidades de los grandes escenarios y "está unido entre sí con otros grupos aunque sean de facultades distintas y participa en actos conjuntos, contagiando ideas y creando relaciones entre ellos". Añade además que es una experiencia única que contiene "esa droga adictiva del teatro pero que también está cargado de amistad, de realizarse a uno mismo y de experiencias preciosas que vives durante tus estudios universitarios y después de ellos".

 

También opina en la misma línea Jaime Cano, de Katharsis Teatro, quien explica: "Se trata de teatro por universitarios para universitarios; no somos actores profesionales, sino que entregamos nuestra pasión, nuestra curiosidad y nuestro escaso tiempo al mundo del teatro, y por motivaciones distintas a los amateurs o profesionales: el vínculo mágico que estableces con los compañeros de carrera que no sería posible sólo yendo a clase; lo que recibimos del teatro es un crecimiento personal colectivo valiosísimo". Y al igual que Rubén Buren destaca otro factor muy interesante que "es la absoluta libertad, el lienzo en blanco para jugar y experimentar que supone el teatro universitario; tampoco somos un negocio, no perseguimos aumentar beneficios, no nos arriesgamos en ese sentido". El riesgo más grave que corren, y que buscan evitar a toda costa, "es aburrir al público o suspender alguna que otra asignatura".

 

Pilar Gil Villar, directora de Triaca Teatro, incide en que "la edad de los estudiantes también aporta una cierta idiosincrasia, suelen formarse grupos con una fuerte carga de amistad y mucho entusiasmo. Pero también con relevos relativamente rápidos motivados por las circunstancias personales de los integrantes". Desde un punto de vista más pragmático señala que tiene las características del teatro aficionado, en el que los actores "asumen muchas tareas de gestión e intendencia, desde elaborar escenografía y vestuario a realizar compras de material, o transportar todo lo necesario para el montaje".

 

Por su parte Mercedes Ladrón de Guevara, de La Escena Roja, defiende que el teatro universitario "brote siempre obligatoriamente desde la investigación filológica, dramatúrgica, escénica, política, científica, documental y de cualquier ámbito académico que consideremos los directores de las compañías más oportunas".

 

Retos

Más allá de esa ilusión, ese compañerismo y ese voluntarismo que muestran los miembros de los grupos teatrales, también existen retos y dificultades. El representante de El Barracón explica que para ellos consiste "en encontrar una obra que se ajuste al número de miembros de la compañía que desean participar en el montaje, teniendo en cuenta su disponibilidad, dedicación y cualidades. Además, la obra la elegimos pensando en el público al que va a  dirigirse y que la puesta en escena pueda asumirse económica y técnicamente".

 

Desde Katharsis también señalan que es difícil "encontrar la obra adecuada para poder trabajar todo el grupo". Su caso además es especial, porque son "una familia muy numerosa, de treinta o cuarenta miembros, y lo más complejo (y apasionante) es encontrar proyectos para repartir trabajo para todos." En la práctica, el punto flaco a la hora de montar una obra suele ser encontrar tiempo y constancia suficiente para compatibilizar los ensayos con las obligaciones académicas, y en un grupo tan grande a veces les cuesta reunirse al completo. En cuanto a otros problemas "casi intrínsecos al teatro universitario (dinero, lugar de ensayos...)", ni quieren ni pueden quejarse, y simplemente agradecen el apoyo de su Facultad y "sobre todo, del público que financia con sus donativos".

 

El dinero también aparece en las declaraciones de Teatro Chamaeleo, para los que el mayor reto es afrontar un proyecto teatral sin financiación alguna. Ellos se autofinancian los montajes de sus obras y por ahora, aunque se han visto obligados a limitar mucho sus ideas, les "ha ido muy bien".  Consideran que la formación es otro gran reto, porque su grupo es abierto y nunca ha tenido casting o prueba de ingreso, así que cualquier estudiante de la UCM, sea de la Facultad que sea, puede participar en la medida de sus capacidades y posibilidades. "Los directores, que somos quienes llevamos más tiempo, nos vemos obligados a formar actores y actrices, técnicos de sonido y de luces, regidores... cada curso desde cero. Esto nos lleva a que nunca sabemos quiénes van a seguir el siguiente curso y cómo será nuestro elenco para el Certamen por lo que el tiempo suele ir en nuestra contra", señala Fernando Malta.

 

La directora de La Escena Roja opina que "el mayor reto reside en la exhaustividad de una investigación dramatúrgica y la planificación". Según ella, la investigación y preparación de una puesta en escena se puede organizar en cinco fases: la elección del texto generador del espectáculo (condicionantes, condiciones materiales / artísticas / ideológicas, tipo de público...), la información y documentación (histórica, literaria ...), el estudio sincrónico del texto y sus implicaciones originarias, la lectura concreta y contemporánea del texto (cómo se quiere contar y a través de qué) y, finalmente, la planificación del proceso de ensayos".

 

Para el responsable de El Noema también es importante la falta de tiempo y de presupuesto para montar cualquier cosa. Pero "ante todo imaginación... Nosotros funcionamos horizontalmente, somos un grupo de investigación de carácter libertario, y eso también es un proceso de investigación personal que lleva su tiempo", reivindica Rubén Buren.

 

La directora de Triaca Teatro piensa que lo más difícil es "poner en tres dimensiones una historia escrita sobre papel, en dos". Más allá de eso, cada obra tiene sus propios retos y exigencias, y en "unas importa más desentrañar el sentido preciso del texto, en otras encontrar recursos escenográficos que reflejen el ambiente o las sensaciones que se quieren transmitir y en otras el peso recae principalmente en la interpretación. Adecuar todo ello a las características del grupo y los medios disponibles siempre supone un desafío, por lo general alentador". 

 

Reivindicaciones

Pese a los vaivenes económicos de la universidad el certamen no ha dejado de celebrarse en los últimos 20 años. El vicerrectorado de Extensión Universitaria, Cultura y Deporte no sólo organiza el certamen (publicando las bases, organizando las representaciones, reservando y pagando el Teatro Bellas Artes para la representación del grupo ganador...), sino que además ha destinado una parte del presupuesto de cultura a organizar dos cursos de formación, ofrecidos a todos los miembros de los grupos de teatro en colaboración con el ITEM, y se han gestionado créditos de libre elección para los estudiantes que participan.

 

Además la UCM está potenciando la actividad de los grupos organizando actividades teatrales como la Muestra de Teatro Mínimo (diciembre), el Festival Solidario Infantil de Navidad (diciembre) o la Muestra de Teatro por la Igualdad (marzo), además de otras iniciativas que ya están poniéndose en marcha.

 

Pese a este apoyo institucional sigue habiendo algunas reivindicaciones de diferente calado. Pilar Gil Villar afirma que "sobre todo instalaciones adecuadas para los ensayos, y por supuesto también vendrían muy bien fondos y que se respetara más la actividad teatral de los estudiantes como una parte importante de su formación".

 

En Chamaeleo reconocen que la conserjería de Biología les facilita espacios tanto de ensayo como de almacenaje y el personal siempre ha sido muy amable con ellos. También la Delegación de Alumnos les echa una mano y les ayuda con las impresiones de cartelería y panfletos así como con la difusión cada curso. Añaden que el vicerrectorado, con Rosario Colón Zamora como intermediaria, también atiende sus peticiones y cumple su función muy satisfactoriamente. La dificultad para este grupo "a veces está en el alumnado que a pesar de la cantidad de información sobre el teatro universitario, hace oídos sordos a este espacio cultural, lo que es una lástima porque no son conscientes de la creatividad y nivel que presentan algunas obras del Certamen y de las buenas dinámicas de aprendizaje en grupo que siguen las distintas asociaciones teatrales universitarias". 

 

Para la directora de La Escena Roja "una de las principales carencias parece ser, paradójicamente, la todavía escasa concienciación institucional referente a la implicación técnica, logística y administrativa a la hora de pasar a la práctica y conciliar estas necesidades mínimas implicadas en un proceso escénico, tanto para la organización del certamen de teatro como los distintos espacios que acogen las numerosas representaciones teatrales con toda la preparación y realización técnica y artística que obligatoriamente implica y que, en definitiva, representa un verdadero obstáculo para las compañías de teatro".

 

Katharsis, sin embargo, echa de menos tener más presencia en salas de Madrid. Reconocen que se quedan en un círculo bastante cerrado, entre universidades y colegios mayores, y que ese suele ser su lugar de actividad y su público. "Nosotros por ejemplo hemos recibido el regalo de actuar en Almagro y Toledo, en festivales universitarios, en Teatros de verdad. ¡Y con la de salas que tiene Madrid! Sería muy hermoso tener más presencia en algún escenario que nos conecte con el público general de Madrid, que hubiera iniciativas o ayudas para darnos esa oportunidad", apuntan.

Desde El Barracón son muy reivindicativos y piden un teatro propio para las representaciones así como poder montar el escenario y ensayar la víspera de la actuación. También les gustaría conseguir más días y horas en locales de ensayo de la UCM y más publicidad de las actividades de los grupos y, sobre todo, del Certamen. Según ellos, "o resulta comprensible que pocos, por no decir ningún medio de comunicación, periódicos,  emisoras de radio y de televisión (como Telemadrid que depende de la Comunidad como nuestra Universidad) se hagan eco; ni una línea, ni un segundo...". Con respecto al dinero saben que es un tema difícil de resolver y opinan que "es necesario llegar a un acuerdo con los autores o los que gestionan sus derechos; no se puede exigir el pago (en algunos casos de casi 200 euros por función) a grupos que no cobran nada, con entrada gratuita".

 

En El Noema son los más iconoclastas y aunque consideran que harían falta más ayudas y respeto, opinan que "el teatro universitario está por encima de todo eso, se hace a golpe de corazón y energía". Añaden además que "el mundo es como es y las quejas nutren el capitalismo y bastante tiene la Complutense con su paupérrima economía... El teatro necesita algo que contar, un trozo de suelo y gente con ganas de pensar".

 

A la espera

Con reivindicaciones o sin ellas, lo cierto es que ahora es el momento de la verdad, cuando tras meses de ensayo se presenta la obra ante toda la comunidad universitaria. Ya se han dejado atrás esas tardes desde octubre, ya sea una por semana o prácticamente todas, ya se han superado esos retos iniciales de elección de obra, de reparto, de escenografía, de iluminación, de música, de vestuario...

 

Y poco a poco, hasta el día 27 de mayo, que será la última representación del Certamen se irá acercando el momento de conocer a los ganadores de esta vigésima edición. Ahora todo queda en manos del jurado, compuesto por María Bastianes, investigadora del Instituto de Teatro Complutense y profesora especialista en Teatro Contemporáneo; Paz Mediavilla, doctora en Filología Hispánica y becaria del Instituto de Teatro Complutense; Rafael Galán, miembro de la junta directiva de la Academia de Televisión, actor y director teatral, y Antonio Castro, del Instituto Oficial de Radio Televisión Española.

 

Así que, como dicen los ingleses "Break a leg!", lo que en castellano sería el mucho más feo, pero igual de contundente "Mucha mierda".

 

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