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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Viernes, 15 de diciembre de 2017

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El único museo de óptica de España es Complutense

Hace cerca ya de cinco años y medio, un coleccionista llamado Francisco Ramos Escalada cedió a la entonces denominada Escuela Universitaria de Óptica de la UCM las 567 piezas que había reunido durante 40 años recorriendo pueblos, casas de subastas, anticuarios... Había gafas, catalejos, lupas, prismáticos, monóculos, altiparras, impertinentes, y muchos objetos más relacionados con la óptica y la optimetría. Desde el primer momento, el entonces director de la Escuela, Javier Alda, se comprometió a crear un museo que albergara la colección, y en poco menos de un año, en enero de 2012 , se consiguió abrir el Museo Complutense de Óptica, el primero creado en España íntegramente dedicado a esta disciplina.

 

Poliédricos

El Museo está nada más entrar en la hoy ya llamada Facultad. Es su propio director, Agustín González Cano, quien nos lo muestra. El profesor González Cano es conocido, además de por su labor docente, por su trayectoria literaria. Sin ir más lejos, hace unos pocos meses, el 23 de abril para ser exactos, recibió el Premio Literario Complutense 2016 por su obra "Morgana en Duino". Si se mira bien donante y director tienen en común su poliédrica forma de entender la vida. Ramos Escalada, el donante, es biólogo de formación, farmacéutico militar de profesión y óptico por una vocación que le condujo a obtener la diplomatura de esta ciencia. En el caso del director del museo, su formación es en Física, la profesión le llevó a ser profesor de óptica y su pasión es la literatura, la que como a Ramos Escalada le ha llevado a visitar lugares increíbles. En ellos, González Cano busca historias, como la que situó en Duino, un pueblo al lado de Trento en la que se desarrolla el argumento de su obra premiada, mientras que el donante de esta colección lo que buscaba en los lugares a los que llegaba eran gafas o similares. "Era -dice el profesor del donante- un coleccionista ávido. Compraba todo lo que se le ponía a tiro. Por eso la colección tiene objetos que no son demasiado valiosos, aunque también hay otros que sí lo son. Lo que sin duda se puede afirmar es que en lo que podríamos llamar óptica de uso común, esta colección es imbatible".

 

De clase social elevada

González Cano va mostrando cada una de las vitrinas. En todas ellas hay algo que contar. Se nota que una de las asignaturas que imparten es Historia de la Óptica. Primero habla de las altiparras, algo así como unas gafas sin varillas. "Calzan sobre la nariz", explica. Los cristales son muy pequeños. "Como los impertinentes, esos que tienen una varilla, o los anteojos, tenían un uso social, para ir al teatro o similar. Son utensilios muy connotados socialmente. Corresponden a clases sociales elevadas y a personas de cierta edad. Generalmente están hechos con materiales ricos. Era, además, una óptica menos industrializada, de vidrio. Las monturas son de metal y en ocasiones de concha".

 

Las gafas de los abuelos

González Cano disfruta enseñando la colección. Explica que la mayoría de las piezas son de la segunda mitad del siglo XIX o de la primera del XX. "Más o menos está expuesto la mitad de lo que tenemos. Es un museo muy bonito porque tiene muchas piezas. Su punto fuerte es la curiosidad. No estamos hablando de aparatos muy sofisticados, sino sobre todo de uso común. Francisco Ramos recorrió sobre todo pueblos y junto a algunas de gran valor, por su decoración minuciosa o por los materiales utilizados, encontró sobre todo piezas cotidianas. Hay que tener en cuenta  que las gafas casi nunca se tiran. A la gente le gusta conservar las gafas de los abuelos", comenta el profesor, quien se hizo cargo de la dirección del museo desde su creación, siempre con la ayuda de su compañero de departamento, Dani Vázquez, como le gusta recalcar.

 

Con ciencia

Junto a altiparras, impertinentes, anteojos o gafas, a lo largo del Museo el visitante va encontrando otras piezas: tomavistas, cámaras plegables, cámaras de fuelle, cajas de pruebas, moldes para hacer monturas, elementos de óptica para baja visión, estereoscopios... Algunos libros de la biblioteca de la Facultad completan el Museo. Entre ellos, González Cano destaca uno. Está escrito por Benito Daza de Valdés en 1623. "Es un caso único casi en la historia de la ciencia española, porque es un personaje que es el primero que de alguna manera con un carácter ya científico aborda el tema de la refracción y la graduación. Sin embargo es un personaje que viene de un ambiente que no es científico en absoluto. Esta es su única obra y, de hecho, pasa desapercibida durante muchos años", explica el director del Museo.

 

La catalogación

La visita va terminando y González Cano habla un poco del futuro del Museo. Le gustaría darle más espacio y tener recursos para poder mostrar toda la colección o nuevas piezas que se pudieran incorporar. Pero sobre todo, considera que es necesario llevar a cabo una catalogación rigurosa. "Francisco Ramos no catalogó las piezas, por lo que en realidad sólo tenemos un inventario de las que donó. Habría que investigar un poco, documentarnos y ver si podemos ir haciendo ese catálogo. Creo que es algo fundamental para el futuro del museo", concluye su director. En la despedida nos propone un juego. "A mí me gusta hacerlo viendo películas o sobre todo cuadros: buscar elementos ópticos. Rara vez no aparece alguno y es que como Dani y yo explicamos en la asignatura de Historia de la Óptica muchas disciplinas están relacionadas de una u otra manera con la óptica: el arte, la literatura, la religión, la filosofía...". Jugaremos.

 

Agustín González Cano, director del Museo de Óptica
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