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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Sábado, 16 de diciembre de 2017

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Cien años después, los rusos olvidan su revolución

El historiador de la Universidad Europea de San Petesburgo, Boris Kolonitskii, ha sido el encargado de impartir la conferencia inaugural del congreso "Consecuencias de 1917. Imperios colapsados en el Mediterráneo y el mundo". En su charla ha repasado los diferentes actos que se han llevado a cabo este año para conmemorar el centenario de la Revolución Rusa, y su conclusión principal es que una mayoría de la población rusa no tiene ningún interés por ese hecho histórico; otros, entre los que se incluye el propio Putin, quieren fabricar una historia de la conciliación que nadie quiso y así reducir los efectos que tuvo la revolución, y otros más ensalzan la figura de Nicolás II como si se tratase de un santo intocable.

 

En la inauguración de este congreso que se celebra en la Facultad de Geografía e Historia los días 15, 16 y 17 de noviembre, y que se clausura el viernes 17 en la Biblioteca Histórica, el organizador José María Faraldo, coincidió con Boris Kolonitskii en que el impacto también ha sido mucho menor en nuestro país de lo esperado, y sobre todo, que no se ha escuchado mucho a las académicos.


Kolinitskii asegura que entre sus predicciones sobre lo que iba a ocurrir en este año 2017, jamás pensó que lo más debatido en toda Rusia iba a ser una película, "además una tan horrible como Matilda". El historiador ruso explica que es un filme sobre un romance que tuvo Nicolás II antes de su matrimonio. La película ha provocado protestas entre los que consideran al zar un santo, elevado a los altares por la iglesia rusa, y los "fans han llegado incluso a atacar cines en los que se proyectaba".


De los monumentos que se han levantado este año hay incluso uno ilegal dedicado a Stalin, "un personaje que está ganando en popularidad mientras Lenin desaparece", pero de todos modos el que ha tenido un mayor respaldo, incluso con la presencia de Putin, ha sido uno en Moscú del Príncipe Serge, miembro de la realeza rusa.


Como asegura Kolinitskii, ese es un mensaje "muy antirrevolucionario", por otro lado muy en la línea de lo que opina Putin, "que es antileninista y al que le gustaría que la revolución quedara en el olvido, porque para sus objetivos políticos ese es un pasado que no puede utilizar".


Ni siquiera el Partido Comunista ha sabido recordar la revolución, porque han hecho algunos encuentros y mítines, "que no han sabido captar al público del siglo XXI y además el congreso principal para rememorar la revolución lo hicieron en el Royal Hotel en Moscú, lo que es bastante irónico".


Kolinitskii asegura que esta tendencia al olvido lleva años cobrando fuerza en Rusia, ya casi desde los tiempos de la Perestroika, con una deriva peligrosa hacia una tradición patriótica, más propia del siglo XIX, que atrae a movimientos de la extrema derecha que también son antirrevolucionarios.


Lo que sí ha proliferado bastante este año, de acuerdo con el historiador ruso, han sido las teorías de la conspiración, y se han escrito todo tipo de libros, sobre si realmente la revolución rusa fue el fruto de "la inteligencia británica, la americana, la alemana o la masonería".


En esa reescritura histórica también ha entrado el tema sobre la conciliación entre las diferentes facciones, de rojos y blancos, pero eso "fue algo que nadie quiso y ha quedado en algo naíf porque no ha contado con apenas apoyo académico". A pesar de que políticos como el propio Putin han hablado de esa supuesta conciliación histórica.


Kolinitskii señaló que de los pocos que han recordado de manera serena y certera la revolución han estado grupos de artistas y exposiciones como la que se montó en el Museo de Arte Callejero de San Petesburgo.

El historiador de la Universidad Europea de San Petesburgo, Boris Kolonitskii,encargado de impartir la conferencia inaugural del congreso Consecuencias de 1917. Imperios colapsados en el Mediterráneo y el mundoLuis Enrique Otero Carvajal, decano de Geografía e Historia; José María Faraldo, profesor del Departamento de Historia Contemporánea, y Boris KolonitskiiEl salón de actos de la Facultad de Geografía e Historia acoge este congreso sobre los efectos de 2017 en el resto del mundoJosé María Faraldo coincide con Boris Kolonitskii en que este año no se ha prestado demasiada atención a lo que tienen que decir los académicos sobre la revolución rusaLuis Enrique Otero Carvajal opina que la emergencia de nacional-populismos es una consecuencia, a largo plazo, de los efectos de la primera guerra mundial y de la revolución rusa
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