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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Martes, 26 de septiembre de 2017

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Agujeros negros de aquí y de allá

El periodista gráfico Bernardo Pérez participó en el ciclo "La maestría es un grado", en la Facultad de Geografía e Historia

Bernardo Pérez, uno de los fotoperiodistas más reconocidos de este país, vive estos días inmerso en su particular agujero negro. Un sinsentido, como lo son todos los agujeros negros, que se presenta bajo forma de sigla, ERE, y que en la práctica viene a suponer el despido, entre ellos el suyo, de alrededor de un centenar y medio de trabajadores de la cabecera más emblemática de la prensa española: El País.

Lejos de mostrarse desanimado y orgulloso "por no haber puesto la rodilla en el suelo y haber dicho siempre lo que he pensado", Pérez se mostró más preocupado por otras cuestiones, por los "verdaderos agujeros negros de nuestro planeta, que los hay muchos y no necesariamente tan lejanos como los que os voy a mostrar", señaló a las numerosos profesores y, sobre todo, estudiantes que asistieron a su conferencia el pasado 6 de noviembre en el ciclo "La maestría es un grado", que como es habitual se celebró en el salón de actos de la Facultad de Geografía e Historia.El periodista gráfico presentó una selección del trabajo que realizó hace dos años y medio sobre cuatro lugares de los que pese "a vivir en un mundo supuestamente globalizado, en el que la información creemos que circula de manera inmediata, apenas sabemos nada. Auténticos agujeros negros". Esos cuatro lugares son Bangladesh, Gaza, la República Centroafricana y Haití.

En Bangladesh, millones de niños -dos millones según las autoridades locales, ocho de acuerdo con Unicef- viven en la calle. Muchos caen en las redes de la prostitución infantil; casi todos en las drogas, y algunas por no obedecer acaban con sus rostros desfigurados por el ácido. En Gaza, en cambio, la edad no es motivo de discriminación. Allí todos sus habitantes comparten "la cárcel más grande del mundo", presos del estado israelí y también de la tiranía de Hamas. Haití, por su parte, no solo no es capaz de sobreponerse al terremoto que la asoló, sino que también continúa conviviendo con sus propias tragedias. Una de ellas es el budú, "una de esas cosas malas que ocurren en el mundo por hacerse en nombre de algún dios o creencia". Por último, está la República Sudafricana, "el país más olvidado de África", que en pleno siglo XXI sigue siendo coto de caza mortal de enfermedades como el paludismo, la malaria o la enfermedad del sueño.

Solo quiero deciros que vosotros, los jóvenes, lo tenéis realmente negro. No hace falta irse a estos lugares. Aquí mismo lo tenéis realmente mal. Luchar, no os conforméis, y mientras yo pueda, contar conmigo".

 

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