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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Martes, 26 de septiembre de 2017

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¿Tenemos una buena universidad?

Obtener respuesta a esta pregunta es crucial para la sociedad española, más que nunca necesitada de la Universidad como herramienta de apoyo para una adecuada gestión del conocimiento. Porque el conocimiento es la materia prima motora del desarrollo de las sociedades, aporta ventaja competitiva y garantiza más autonomía y libertad.
Hace poco afirmaba en "Papeles de la Fundación Botín" que "Tenemos una buena Universidad": es una visión personal de nuestra Universidad fundamentada en hechos objetivos. Desde mi perspectiva, la historia reciente pone de manifiesto esta afirmación, tomando como elemento referencial el retorno obtenido por la sociedad a partir de su inversión. Informes económicos recientes de organismos independientes (IVIE o Fundación CyD) justifican que, por cada euro de inversión pública en la Universidad, la sociedad recibe, según regiones, entre 1.35 y 2.7.
Además de lo económico, socialmente, la Universidad como formadora del capital humano tiene la confianza de la sociedad y la aprobación de un 94% de los empleadores. Ha permitido que España alcance un porcentaje de universitarios en edad laboral en la media de la OCDE elevando el valor cultural y formativo de la sociedad: hoy más de la mitad de los estudiantes universitarios proviene de familias donde ninguno de sus ascendientes obtuvo un nivel equivalente. Esta contribución social ha recibido una positiva valoración en el reciente documento de la Comisión de expertos "Propuestas para la reforma y mejora de la calidad y eficiencia del SUE", incluso destacándolo en referencia a la modesta financiación que reciben.
El nivel formativo alcanzado por nuestros jóvenes universitarios mejora todos los indicadores de su empleabilidad: reduce la tasa de paro en su sector de edad y con referencia a colectivos de menor formación y aumenta la estabilidad y el reconocimiento salarial en el empleo. Sin embargo, la Comisión de expertos, eludiendo la influencia del contexto social de referencia, incluye entre sus valoraciones que "las universidades no preparan a los jóvenes suficientemente para encontrar un trabajo adecuado al título"; resalto el adverbio porque asocian la situación al subempleo. Debate interesante: ¿rebajamos la formación las universidades para que no haya subempleo? o ¿elevamos entre todos la competitividad de nuestras empresas, mejorando la innovación, para que requieran trabajos de mayor exigencia formativa, haciendo socialmente eficiente la tarea universitaria?
Aunque la baja capacidad innovadora y de competitividad se asocia con inversiones en I+D+i inferiores a 1.6% del PIB, España las rebaja desde su máximo, 1.38%, siendo la aportación privada la que más nos aleja de los modelos competitivos. A pesar de la demanda de la Comisión de una financiación adecuada para la universidad ("España no debe- ni puede- quedarse atrás"; necesita universidades investigadoras de calidad), sorprende la ausencia de análisis sobre la estructura de su financiación en sociedades pujantes, establecidas o emergentes.
A falta de estas referencias, resulta simple decir que el SUE es "muy insuficiente" porque ninguna universidad española entra en el club de excelencia de los rankings prestigiados. Basta valorar nuestro posicionamiento mundial en la producción científica cualificada (indexada), mayoritariamente conseguida por las universidades, particularmente las públicas, en relación a nuestra inversión (relativa al PIB y a nuestra población) para comprobar la alta eficiencia de las universidades españolas, en comparación con cualquier sistema. Ir más allá en excelencia y rankings analizados los modelos de éxito ya existentes, requieren mejoras, que exigen cambios y concienciación social para apoyarlos, porque la adecuada financiación, como elemento necesario, no basta con ser postulada.
Insisto en mi respuesta anticipada: sí tenemos una buena universidad por su rendimiento objetivo en relación a la inversión en investigación y formación. Además tenemos la firme voluntad de mejorarla. Mas eso es tarea de todos, con un condimento indispensable: confianza.

Federico Gutiérrez-Solana Salcedo
Ex rector de la Universidad de Cantabria y ex presidente de la CRUE

 

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