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Martes, 26 de septiembre de 2017

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Isabel Aránguez, nueva Defensora del Universitario, apuesta por la prevención

La profesora Aránguez lleva décadas, como ella señala, "trabajando para la comunidad universitaria no sólo Complutense, sino española". Su labor comenzó como presidenta de una asociación de profesores titulares de Escuela Universitaria que derivó en una plataforma estatal. También ha sido representante de profesorado en las juntas de personal docente e investigador, en la Junta de Facultad de Farmacia y en el Claustro. En los últimos años desempeñaba esa misma labor en el Consejo de Gobierno de la UCM. Dice que cuando se convocaron las elecciones al cargo de Defensor del Universitario, ella ni se lo planteó. Fueron las "llamadas de muchas personas" las que la animaron a presentarse. "Me decían que ese cargo coincidía exactamente con mi perfil, y es que todo el mundo que ha analizado mi trayectoria de manera objetiva sabe que soy una persona muy independiente, muy autónoma, muy consecuente con mis propios valores e ideas. Cuando yo creo que algo es correcto, lo defiendo a capa y espada delante de quien sea".
Tras su toma de posesión del cargo, en el que ha sustituido a la profesora de Derecho Rosa Galán, la nueva defensora ha tenido tiempo para conocer los pormenores que conlleva el cargo. "Creo que puedo hacer una labor. Realmente los defensores podemos hacer cosas en función del respaldo que tengamos. No tenemos ninguna competencia ejecutiva de modificar una decisión que se haya tomado ni por una Facultad, Departamento o Servicio. Pero sí tenemos una autoridad moral al haber sido elegidos mayoritariamente".
Aunque la actividad más conocida que compete a la Defensora del Universitario es la tramitación de quejas de estudiantes, profesores o personal de administración y servicios y la búsqueda de la solución más adecuada a cada caso en diálogo con el órgano competente, la profesora Aránguez se ha marcado como uno de los principales cometidos que va a afrontar la oficina durante su mandato de seis años el tratar de resolver los problemas antes de que sean motivo de queja. "Cuando hablé con el rector ya antes de mi toma de posesión le dije que a medio plazo quería que mi labor fuera más preventiva que curativa. Tengo muy claro que siempre es mejor prevenir que curar. Si nosotros hacemos un estudio previo de dónde están los problemas, de dónde están las dificultades, de lo que a la gente le preocupa, e intentamos que antes de que la queja se oficialice formalmente por registro dar una solución a ese problema, todos estaremos más satisfechos, haremos mejor nuestro trabajo y nos sentiremos más solidarios con lo que es la institución. Pretendo que después de los seis años que voy a estar aquí, el ambiente en esta universidad sea más cordial, más saneado, más... saludable, esa es la palabra", explica Isabel Aránguez.
Para ello, como una de sus primeras medidas, en la web de la Defensora se ha habilitado un buzón de sugerencias o comentarios para que cualquier persona pueda aportar su idea sobre funcionamientos que no considere eficaces y satisfactorios. "Esto nos ayudará a detectar dónde están los problemas, estudiar las posibles soluciones, de tal manera que podamos elaborar un documento que pueda ayudar a los órganos de gobierno, al rector, a los vicerrectores, para luego ellos poder implementar las soluciones y normas que les compete dictar". Además, Aranguez tiene previsto mantener reuniones con los representantes de todos los colectivos para de "manera informal, sin actas de por medio ni nada" conocer lo que cada uno de ellos piensa que se puede y se debe mejorar.
Otra de las prioridades que se marca la profesora Aránguez en su labor como Defensora del Universitario es propiciar una mayor utilización de la oficina tanto por parte de los docentes como del personal de administración de servicios. Aranguez considera que su sola presencia y su trayectoria como representante del profesorado acercará a muchos docentes a la oficina para solucionar los problemas que puedan tener. En cuanto al personal, la defensora reconoce que hay ciertas reticencias, que no solo afectan a ellos pero quizá a los que más, a quejarse de manera oficial. "Hay cierto miedo al qué puede pasar si me quejo. Yo quiero que esto desaparezca. Quien acuda aquí tiene garantizada la confidencialidad y el anonimato", asegura la defensora, que también se ha marcado como objetivo incluir en la web de la oficina toda la información referente a normas y procedimientos que sirvan para resolver los problemas más frecuentes que afectan a los estudiantes.

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