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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Martes, 26 de septiembre de 2017

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Entrevista a Helen Graham: "La Historia pasa por vidas sencillas y no sólo por grandes acontecimientos y grandes personajes"

La presentación de su último libro, La guerra y su sombra, ha servido como acto inaugural de las actividades de este curso de la Cátedra Memoria Histórica del Siglo XX de la UCM. La británica Helen Graham ha aprovechado además su visita a Madrid para investigar en los documentos del archivo de la Residencia de Estudiantes. En ese lugar, donde cien años después de su creación todavía se respira parte de su espíritu de modernidad y cultura, quedamos con ella para hablar sobre su trabajo.


- ¿Qué está buscando una experta en la guerra civil en la Residencia de Estudiantes?

- Estoy preparando parte de mi próximo libro, que van a ser una serie de biografías entrelazadas, de tres españoles y tres que no lo son, que pasaron por España durante la guerra, cuando se produjo la derrota republicana y cuya estancia aquí les marcó para siempre. Estoy contando, a través de una serie de biografías de gente que no es conocida pero sí muy carismática e interesante, la Historia del siglo XX europeo, de estas guerras que hubo a mitad de siglo y que cambiaron todo no solo a nivel estructural sino también a nivel de la vida, de vidas fascinantes. Y una de esas vidas es la de Gustavo Durán, que tiene aquí el archivo porque las hijas, que viven todas en Londres, lo donaron aquí.


- En su último libro La guerra y su sombra y en otros como La breve historia de la guerra civil ya ha incluido algunas biografías de personas poco conocidas. ¿Diría que esa es la característica principal de su manera de hacer Historia?
- Es cierto que en esos libros he empezado a utilizar entrevistas que en mi próximo trabajo van a ser las protagonistas; de hecho se va a llamar Vidas al límite y se puede considerar la continuación del último libro. A mí me parece que es una manera de hacer Historia que hace la lectura más amena y creo que llega más para un lector medio o incluso para cualquier tipo de lector, y es que hay que entender que al final la Historia pasa por vidas sencillas y no sólo por grandes acontecimientos y grandes personajes.


- ¿Y cómo se eligen esos personajes para que un libro de Historia sea interesante y a la vez trascendental?
- No es fácil. Siempre hay que elegirlos teniendo en cuenta que estén relacionados con lo que quieres contar, para llegar a un objetivo como, por ejemplo, la experiencia humana durante una década concreta o la experiencia vivida en las guerras continentales del siglo XX.


- Gran parte de sus libros tratan de alguna manera la guerra civil española. ¿Es cierto que el interés por nuestro conflicto es lo que le llevó a ser historiadora?
- Sí, es cierto. Cuando era alumna en la Universidad de Londres leí varios libros para hacer un ensayo sobre el tema y casi no podía creer que se hubiera derrotado a la República, que no hubiera ganado a pesar de las muchas posibilidades que planteaba para un futuro mejor no sólo del país, sino también del continente. Además me interesó porque era una guerra que se produjo en un momento neurálgico de la historia. Pienso que toda la política mundial y las relaciones diplomáticas internacionales de lo que iba a ser el continente europeo pasan por España, por esa guerra. Yo he hecho mucha historia de movimientos sociales y de política nacional e internacional, pero me gusta más investigar los brotes de cambios sociales y cómo estos repercuten en la historia de un país o en una serie de personas. Y en este sentido la guerra civil española también tiene mucho interés porque para la historia de España fue esencial.


- ¿A qué se refiere exactamente?
- A muchas cosas. Por ejemplo lo que ha escrito una colega mía, Sandra Souto, en Paso a la juventud, donde analiza las organizaciones juveniles de la República durante la guerra. Muchos protagonistas de la guerra, en los dos bandos pero sobre todo en el de la República, eran gente de menos de treinta años. Si miras la Junta de Defensa de Madrid durante la batalla de Madrid eran todos muy jóvenes, con unas responsabilidades tremendas para la política nacional, defensa o suministro de la población civil. Este repunte de la juventud luego fue en retroceso, claro, después de la derrota de la República del 39, pero fue un momento en el que hubieran podido cambiar muchas más cosas de las que cambiaron.


- En La guerra y su sombra defiende además que esos cambios sociales no se daban solo en España, sino que había una clara relación entre nuestro país y el resto de Europa.
- Sí, sí, eso se trata en la primera parte del libro, donde se busca contextualizar la guerra civil española, que sólo fue civil durante siete días. Después entraron las tropas de lo que iba a ser el Eje, o sea los alemanes y los italianos, y se convirtió en una guerra internacional. Yo creo que había una turbulencia continental contenida desde la Gran Guerra (1914-1918) y había una serie de motivos estructurales muy importantes para esa turbulencia, que no eran solo motivos diplomáticos, sino también cambios en las sociedades. Ya no valían los órdenes socioeconómicos de los antiguos imperios, aunque todavía no se sabía qué iba a venir. Un colega mío británico dice que después de esa Primera Guerra Mundial todo había cambiado y nada había cambiado, era una especie de empate, de tregua, y todas las luchas sociales desde aquel momento hasta lo que conocemos como Segunda Guerra Mundial eran una especie de campo de batalla para ver cuántos cambios sociales se podían hacer, qué se podía intentar para que hubiera otras maneras de vida y otra idea de lo que es la política, a quién se podía considerar ciudadanos... Y en ese ambiente es donde se enmarca la guerra española.


- ¿Y también la represión que siguió a esa guerra?
- En parte sí. Los aliados ganan la Segunda Guerra Mundial y en muchos sitios eso lleva a cambios estructurales muy grandes, a la aparición del Estado del Bienestar, a conceder derechos sociales a la población general, a que todos pasamos a ser ciudadanos... Al menos en algunos sitios. España fue el caso peor, pero en otros lugares como Portugal y Grecia tampoco se avanzó demasiado. En mi último libro hablo también de esa época en España, con toda la represión que continuó muchos años después de acabada la guerra. Hay muchos libros sobre eso, pero una mínima parte está traducida al inglés, así que he aprovechado para incluir datos sobre esa represión para que lo conozcan los historiadores británicos. Servirá para interesados en la historia española, pero también para especialistas de mi país en la historia comparada europea, porque no leen español y si miras las bibliografías de historias de entreguerras y posguerra nunca está España, ni siquiera en temas como las sociedades autoritarias en las que ha habido mucha violencia. La historia española está totalmente apartada, así que La guerra y su sombra también es un intento de introducir la dimensión española en la historiografía comparada europea.


- ¿Así que con todos los libros que se han escrito sobre nuestra guerra civil todavía quedan perspectivas por investigar?
- Lo más importante que todavía queda por hacer es indagar más en los años del desarrollo, hacer una historia social de esa época e intentar descubrir cuáles fueron los efectos de la dura represión de los años 40 en el proceso de cambio social súper rápido que hubo en España. Se pasó de una sociedad agrícola a una súper industrializada de manera fulminante y se podría indagar cuál fue el efecto de la memoria de los españoles sobre ese proceso, aunque una característica del franquismo es que durante cuatro décadas mantuvo viva la idea de la guerra como punto de legitimación.


- En la presentación del libro aseguró que la dictadura franquista utilizó una serie de "juegos mentales" para imponer esa idea, para intentar establecer una memoria como única y que la compartiesen todos los españoles. ¿Cómo pudo hacerlo?
- La dictadura duró casi cuarenta años, que es una cosa insólita en Europa, así que con todo ese tiempo no es complicado hacerlo. Si al tiempo se le suma un acceso total a la información y a la enseñanza es fácil. Es cierto que había muchas comunidades de españoles que tenían memorias y experiencias bien distintas, pero el franquismo también apoyó sus propias ideas en el auge económico. Hay que tener claro que hubiera pasado lo mismo en otras circunstancias porque la dictadura no hizo el milagro económico, sino que fue una realidad continental e incluso mundial. A pesar de eso sigue siendo un mito muy poderoso dentro de un público bastante amplio.


- ¿Incluso en Reino Unido?
- Mis propios alumnos en Inglaterra lo piensan y no sé cómo les ha podido llegar esta idea, porque no la han leído en ningún libro, o al menos no en los que recomiendo yo. Parece que es algo que pega, eso de que el régimen de Franco llevó a España por caminos difíciles, pero luego todo queda justificado por los años de crecimiento. La gente cuyas familias no fueron tocadas por la represión se hicieron eco de esa idea, y eso junto a la falta de información dio cierta legitimidad difusa al régimen.


- Hoy sigue existiendo esa visión entre mucha gente. ¿Es posible presentar batalla de alguna manera para corregir esa falsa memoria?
- Los historiadores no nos podemos responsabilizar de sanear el futuro porque ya tenemos muchos problemas con el pasado, y además lo cierto es que los tiempos actuales no ayudan. Hay una coyuntura muy mala en términos internacionales que en algo se parece a la que en los años treinta acabó con una República moderna. Es conocido que la guerra civil se perdió en las cancillerías de Europa, a nivel de diplomacia y por el aislamiento de la República. Ahora estamos en un momento de auge de nacionalismos populistas de derechas arrasando por toda Europa. Empezó antes de las crisis, pero con esta han aumentado mucho más y eso favorece a una no solución ya que hay sectores bastante poderosos dentro de España que quieren blanquear la memoria de la dictadura para que sirva como una especie de mito ultranacionalista. Eso se hace por una visión política muy clara. Es muy difícil luchar contra esto aunque quizás haya algo de esperanza con el movimiento de la memoria histórica que surgió en España hace unos pocos años.


- En El País se ha publicado un artículo un tanto irónico que afirma que la única promesa electoral que ha cumplido Rajoy ha sido la de retirar las subvenciones a ese movimiento. ¿Cree que a pesar de eso podrá seguir adelante?
- Lo bueno de hoy es que hay una sociedad civil y la gente hace muchas cosas, gran parte de ellas con dinero e ilusiones propias. Que el Estado no dé dinero corta algunas posibilidades, pero siempre se pueden hacer cosas cuando hay voluntad, ganas y gente dispuesta a colaborar incluso en el aspecto económico. Es evidente que el dinero estatal hace falta para hacer las cosas a nivel estatal como por ejemplo una lista completa de los desaparecidos, pero el trabajo de destapar la represión finalmente se ha convertido en un monumento a la ciudadanía y cuando pienso en eso entiendo que puede haber muchas cosas que no marchan en España, pero sí que hay una gran sociedad civil con muchos y muy buenos ciudadanos.


- ¿Cómo se vio desde Inglaterra que cuando Garzón intentó investigar los crímenes del franquismo fuera apartado del caso e inhabilitado?
- Como historiadora veo que es un poco como con Franco, es decir que da igual que haya un montón de juristas internacionales apoyando a Garzón e incluso las Naciones Unidas pidiendo que se investiguen los crímenes. Siempre hay un político que dice: "aquí mando yo" y le da igual lo que digan otros, es una mentalidad política que parece que perdura. Lo que pareció en general en Reino Unido es que algo no iba en España y se preguntaban cómo es posible que no os pudiera interesar vuestro pasado. Supongo que a algunos como a los de Amanecer Dorado les habrá parecido muy bien, pero para una opinión progresista, liberal o socialdemócrata es sorprendente que haya ocurrido algo así, es algo insólito.


- ¿Movimientos como ese Amanecer Dorado que menciona también tienen una memoria histórica propia al estilo del franquismo o se están creando una en estos momentos que sea acorde con su pensamiento político?
- La historia de Grecia y la de España no son tan diferentes. Es verdad que tras la Segunda Guerra Mundial no hubo una dictadura griega, y no la hubo hasta 1967 con la de los coroneles, pero muchos de los que se habían reciclado en ese tiempo habían apoyado a los nazis, así que allí tampoco hubo desnazificación. Fue un continuismo, no en términos estructurales, pero sí en términos de la base. No soy experta en la genealogía de Amanecer Dorado pero seguro que tiene cierta relación con el estado secreto que involucraba a todos los poderes y que estuvo activo durante todos esos años. En España la falta de desnazificación es total durante el franquismo y eso se ve en casos como el reciente de la alcaldesa de Quijorna y su homenaje a los franquistas. Si España hubiera pasado por un proceso público de desnazificación esto no habría pasado y aunque esa señora hubiera tenido sus ideas no habría sido capaz de expresarlas de manera tan abierta.


- Ni habría pasado el caso de la esquela nazi que cuenta en su último libro.
- En diciembre de 2009, La Razón, ese periódico que se dice católico liberal, o algo así, publicó una esquela para Irma Grese que fue una guardiana de las SS en el campo de concentración de Bergen-Belsen y que fue ejecutada en 1945 por su comportamiento allí. En el texto de la esquela dice literalmente: "Tu muerte fue injusta e innecesaria y te debemos el recuerdo. Espero verte algún día ahí arriba, con tu dulce sonrisa". Decir esto tan claramente y en público no es razonable y el mismo periódico debería haberlo rechazado.


- ¿Cree que debería haber una ley contra esto?
- Sí, lo tengo clarísimo. En España creo que hay una ley sobre la xenofobia y el racismo, pero pienso que no se aplica. Además cuando la crisis es tan grave como la actual pueden pasar muchas cosas a pesar de las leyes. La gente tiene miedo y busca explicaciones sencillas para señalar a un grupo social que sea el culpable de su situación. Eso es caldo de cultivo para un discurso demagógico. Hay mucha gente que no quiere saber ni informarse, que ya tiene las opiniones claras y a quien la investigación empírica le molesta para su opinión.


- ¿No es un poco irónico que en la época de la información la gente cada vez esté menos informada?
- Por ejemplo, con los alumnos el problema es que no leen muchos libros, así que yo doy muchas clases utilizando las imágenes, que pueden ser un poco peligrosas si no se usan de manera correcta, pero que son perfectas para enganchar a los alumnos y para incitar a que quieran saber más.

"Los datos empíricos no están solo en los archivos"

Frente a otros investigadores que abogan por la primacía de los documentos archivados, Helen Graham apuesta además por entrevistas personales. Explica: "Los datos empíricos no sólo están en los archivos. Por ejemplo, las biografías que estoy escribiendo ahora han sido un trabajo de detective privado, buscando gente, poniendo anuncios, sacando información de donde sea... La gente también forma parte de la Historia, de esas décadas tan difíciles del siglo XX de las que queda poco, o ha quedado esparcido por los continentes. De hecho, he tenido que ir hasta Australia para buscar los documentos y fotos de una mujer que estuvo en España".
En cuanto a si es fácil acceder a los archivos de nuestro país, Graham opina que en general sí, aunque con una importante excepción: los de la Iglesia católica. "Son totalmente opacos no tanto en cuanto a los años de la guerra civil como a los años cuarenta. No quieren abrirlos porque es un capítulo muy feo y no les interesa que la gente saque a relucir su comportamiento, aunque supongo que con el tiempo lo harán si no los destruyen antes, porque ese es otro problema de los archivos en España, donde se ha destruido mucho material".
La historiadora opina que ahora los problemas con el resto de archivos son más ordinarios "en el sentido de que hay poco personal y se abren muy pocos días y horas al mes. Eso sí hace muy complicado trabajar y hay que tener muchas ganas y empeño para seguir haciéndolo".
El futuro de la Historia
Helen Graham tiene muchas dudas sobre el sistema educativo universitario actual, porque "ahora se considera que ir a la universidad no es para que aprendas más o te eduques, sino para que salgas con un título para ganarte la vida. Es evidente que todos tenemos que ganarnos la vida, pero este afán de lucro que ha invadido la universidad es un poco terrible, porque al final todos somos sucursales de una escuela de negocios". Desde ese punto de vista, afirma que incluso podrían llegar a desaparecer los historiadores graduados en universidades. Eso sí, se declara optimista y piensa que "siempre habrá historiadores".
Pone como ejemplo que "en España el 80 por ciento de la Historia para rescatar la represión franquista la han escrito amateurs, historiadores que no están dentro de las universidades, porque en los Departamentos de Historia les ponían trabas para estudiar este tipo de temas hasta los años ochenta del siglo XX".

 

 

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